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EL BUITRE, USOS Y COSTUMBRES
Siempre han sido desprestigiados, incluso hay quien es marcado de por vida con el estigma de este pájaro carroñero pese a haber revoloteado tan solo un par de veces al año sobre alguna escurridiza presa nocturna. Su hábitat natural suelen ser normalmente los pequeños ecosistemas acotados, lugares donde además de escucharse con nitidez la berrea de los machos en celo intercalada con esos sonidos alienantes que algunos llaman música, se puede abrevar fácilmente, sin más límite que las mermadas reservas de la faltriquera. Algunos atacan en bandadas, protegiéndose unos a otros de posibles represalias de otros machos dominantes; otros prefieren la collera, sorteándose antes del ataque cual de los dos hace la cobertura con la hembra menos receptiva mientras el otro prueba suerte con la vara de acoso y derribo; y por último está el buitre autónomo, del que se pueden sacar tres subgrupos. En el primero nos encontraríamos al buitre solitario. Es aquél que siempre planea en solitario, más que nada porque no tiene bandada con la que hacer pandilla. Suele posarse a primera hora-cuando todavía va de paisano- en pequeños abrevaderos frecuentados por especimenes más viejos, donde entre trago y trago que se echa al coleto escucha añejas técnicas de cortejo, a la par que se deleita con simpáticas anécdotas de arcaicos apareamientos. Horas más tarde, cuando empieza su jornada, ya bastante alpistado por cierto, extiende sus alas por territorios frecuentados por jóvenes y sanas hembras. Grazna mucho y pica cuando puede. Desgraciadamente suele volver al nido con el estómago vacío y en un estado de celo elevado a la enésima potencia. En el segundo subgrupo nos encontramos con el buitre de vanguardia, quizá el buitre por antonomasia. Es aquél que a primeras horas sale con su bandada de siempre, pero que nada más llegar a
posibles zonas de caza abandona inmediatamente a sus hasta el momento inseparables compañeros de partida y se adentra en el campo de batalla en solitario. Reparte picotazos a diestro y siniestro, recibiendo de cuando en cuando inesperados y violentos reveses de hembras agresivas. Debido a la constancia y voluntad que demuestran durante toda la noche, suelen al final hacerse con alguna inocente presa -a veces no tan inocente-, que exhausta, claudica normalmente tras una dura e inútil lucha por zafarse de las garras de su captor. El problema que tienen estos cazadores nocturnos es que al ser de vanguardia, levantan continuamente a las presas y las cansan de tal manera que a veces, cuando llega el grueso de la bandada, y sobre todo su peor enemigo, el buitre de retaguardia, tan solo tienen estos que dar dos o tres pasadas -a veces cuatro- para que sus víctimas caigan rendidas en sus redes. También hay que constatar que el buitre de vanguardia es un ave valiente, que no se suele amedrentar ante nada, por lo que en muchas ocasiones suele regresar a su nido con alguna ala rota y más de una pluma menos. Por último, encontramos al buitre camuflado, también llamado buitre camaleónico. Es aquél cuya presencia en al zona de caza no suele despertar recelo entre los mismos machos de su especie debido a que en sus garras luce la anilla identificativa que indica que ha perdido su libertad, lo que pasa es que con un rápido movimiento se deshace de ella e hinca el pico con más brío si cabe que sus propios congéneres. Este subgrupo no suele destacarse por sus éxitos cinegéticos, aunque pone de su parte, y cuando retorna a su nido, dulce nido, su copropietaria le suele recriminar, a base de certeros picotazos, la presencia de plumas de diversa y extraña procedencia, así como del exceso de alpiste en sus venas, mal endémico al parecer en todas las rapaces de ésta especie.
Rodrigo
del Lago rdlago@hotmail.com
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