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El tercer album de balago, lleva por título "d'aquii",es
el disco más oscuro e inaccesible de los tres pero con
el sello distintivo que caracteriza al grupo de La
Garriga.
El trío Balago se formó en La Garriga en 1998, y por
entonces no eran tan raros. La escena indie española se
había consolidado, y grupos como Migala en Madrid y
Manta Ray en Gijón apostaban por un rock de riesgo que
no excluía el lenguaje instrumental. Tres años después,
erm, el primer disco de Balago, abría el catálogo del
sello barcelonés Foehn con un sonido parecido al que
estaban practicando bandas clave del post-rock americano
como Stars of the Lid o Labradford. Sus directos,
además, eran experiencias hipnóticas en las que una
banda compenetrada conseguía sacar texturas y matices de
un detallismo abrumador. Ya entonces comenzaba a
inocularse el virus del cine, al proyectar como apoyo
visual de los directos películas como El triunfo de la
voluntad (Leni Riefenstahl) o El acorazado Potemkin (S.M.
Eisenstein).
En 2004, tras la marcha de Jordi Soldevila, apareció El
segon pis, un disco más conciso y profundo con el que
Balago se consolidaban como el gran grupo instrumental
de la escena española, y toda una rara avis en Catalunya.
Hoy lo son aún más. La fidelidad a unos parámetros
artísticos que otros compañeros de quinta -léase
12twelve- han ido abandonando es lo que hace de Balago
un grupo de impacto estético y emocional directo, casi
violento. D'aquii, el tercer LP, perfecciona un lenguaje
al borde del abismo, un placer que merece oídos que lo
escuchen atentamente.
David Crespo se siente solo en la escena de música
independiente catalana. Mientras algunos se lanzan a un
pop colorista o a renovar los cimientos de la canción de
autor, el hombre que se esconde tras el alias Balago
prefiere adentrarse en la soledad del rock ambiental y
la gelidez de las bandas sonoras. David Crespo es
consciente de que música como la suya por aquí cerca no
la hace nadie más, porque, mientras otros se recrean en
la canción de toda la vida, la suya es de las que
podrían servirle un fondo sonoro a una película de los
hermanos Coen o Terrence Malick. Sin egocentrismo, casi
cabizbajo y con suma modestia, el hombre tras el
proyecto Balago dice que es consciente de «la
originalidad de mi propuesta y también consciente de lo
que he hecho y de la parcela que ocupo», afirmación que
remata con un «disfruto de mi soledad».
D'aquii, es su disco más árido y difícil, un viaje
envolvente y por momentos angustiante por paisajes
helados que lo tiene todo del rock ambiental de las dos
últimas décadas -eso que se viene en llamar post-rock- y
parte del lenguaje de las bandas sonoras del cine de
autor.
En su currículum ya van dos bandas sonoras: la de Pudor,
ópera prima de Tristán Ulloa dirigida al alimón con su
hermano David, y la de El rey de la montaña, de Gonzalo
López-Gallego.
La soledad de Crespo ha ido por fases. Primero fue un
aislamiendo estético dentro del circuito musical
catalán. Ahora ya está solo dentro de su propia banda, y
utiliza Balago para autoexaminar sus sentimientos, para
lamer heridas y alejar terrores diarios.
D'aquii, y su fondo teñido de desolación, está
inspirando en dolorosas experiencias recientes, una
muerte y un abandono. Sus ambientes aislan en una
burbuja que a veces es de calma -un limbo- y otras veces
de aterrador vacío -otra vez la soledad-.
Desasosiego, tormento y éxtasis.
http://www.myspace.com/balago |