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Grupo Buho presenta,
¡Jamás! por Elena
Tomás | |

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| Prólogo |
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Esta podría ser la
historia de una joven treinteañera cualquiera, con
un sencillo trabajo, en cualquier ciudad de
España, en cualquier momento de la era actual.
Pero esta en concreto es la historia de Raquel,
una chica de treinta años recién cumplidos, que
trabaja como teleoperadora, vive en Valencia y ya
ha dejado de esperar la llamada del último chico
con el que salió hace un par de semanas y que
aplazó su tercera cita a un día que nunca
llegó. Raquel se empeña en disfrutar al máximo
el presente, se esmera en ser feliz, sin
preocuparse en absoluto por el futuro. No sabe muy
bien lo que quiere, pero quizá porque tampoco se
ha parado a pensar en ello. |

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Se ha acostumbrado al
horario, las tareas y a sus compañeros de trabajo,
con los que ha entablado una buena amistad.
También se ha acostumbrado a rehacerse con
dignidad y elegancia de los fracasos amorosos.
Desde su primer novio, Diego, con el que rompió
hace siete años, no ha vuelto a tener una relación
sólida. Su falta de acierto y el desengaño
matrimonial de su mejor amiga la llevan a tomar
una seria decisión: no volver a enamorarse
jamás. Sin embargo parece que el destino se ha
empeñado en poner en su camino desatinados
acontecimientos que provocarán la confusión de
Raquel. Además, el amor parece flotar a su
alrededor, acariciándola constantemente con suaves
soplidos.Cualquier persona se dejaría mimar por
esas caricias... pero, ¿lo hará Raquel? Tal vez
“jamás” sea demasiado tiempo y más para una chica
como Raquel, que necesita el calor de los suyos en
todo momento; querer y sentirse querida.
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Fragmento |
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DOS
Cuando sonó el
despertador a las siete y cuarto, quería morir. No era
capaz de despegar los ojos, y cuando tras un esfuerzo
infrahumano, conseguí hacerlo para localizar el maldito
despertador en la mesita, hubiera preferido haberlos
mantenido cerrados al menos hasta que la horrible resaca
se hubiera ido de casa. Intenté darle al botón de parada
definitiva, fingir que dormía cinco minutos más antes de
levantarme, quedarme profundamente dormida y llegar
tarde al trabajo sin remordimientos. Pero no acerté con
la tecla, a los cinco minutos el estresante pitido
volvía a incrustarse entre mis neuronas todavía
borrachas. Me levanté lentamente, temiendo que el
cuello se me despegara de los hombros, moviéndome
despacio, sintiendo las punzadas de la resaca latiendo
al ritmo de mi corazón. ¡Jamás volvería a beber
cerveza! El baño se me antojaba mucho más lejos de lo
habitual y la única curva que había para entrar en él la
tomé sin demasiada soltura, dejando un trozo de mi piel
en el marco de la puerta. Imaginé que debajo de esa
maraña de pelos, esa cara descolorida, esos ojos
hinchados y enrojecidos y esas negras ojeras me
encontraba yo. Pero no lo tenía del todo claro, pues lo
único que podía sentir en mi interior era un horrible
dolor de cabeza, un paladar desabrido y unos pulmones
ahumados. Sin duda no iba a beber cerveza nunca más, o
al menos, no tanta. Ni a fumar, ni a trasnochar entre
semana… No recuerdo cómo me duché, desayuné y conduje
hasta el trabajo; de hecho no estoy muy segura de haber
hecho todas esas cosas despierta, pero el caso es que
llegué al trabajo a tiempo. Era un viernes normal y
corriente para el resto de la gente, pero para mí era un
infierno, y a pesar de que la mayoría de mis compañeros
adivinaron nada más verme que algo no estaba en orden,
no supieron respetar mi estado resacoso y se comportaron
de manera habitual. Lo único positivo que encontré, es
que la supervisora todavía no había llegado. —
¡Buenos días, Raquel! — dijo Sandra en cuanto me vio
entrar por la puerta —. ¿Te apetece un café? — Sí,
necesito un café, pero, por favor, no grites. Me fui
directa a la máquina de café que había en la sala de
descanso e introduje las monedas lentamente, sintiendo
el eco del choque con el resto de monedas que ya había
en el cajón, como si estuvieran siendo golpeadas contra
mis sienes. — ¡Eeehhh Raquel! Repostando para
arrancar, eh — me dijo Dani. |
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