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¿Y qué hay tras la muerte?, ¿qué significado tiene nuestra
vida?, ¿acaso sólo somos fruto de una mera casualidad,
predestinados a convertirnos en máquinas biológicas con el
único sentido de perpetuar la especie?, ¿qué quedará de
nosotros cuando ya nada seamos?, ¿acaso la vida sólo tiene
sentido porque la muerte nos espera?, ¿y si hubiese
alguien que no muriese nunca?, ¿y si hay ya alguien para
el cual la muerte no existe?, sólo la vida eterna, la
eterna vida hasta que ya no haya nada por lo que vivir,
pero nunca jamás poder morir. Hace ya bastante tiempo pasó
algo extraño y sorprendente que os voy a relatar. Yo
conocía a Laura a través de Alfredo, ellos estaban en la
misma clase en la universidad y de vez en cuando coincidía
con ella ya fuese tomando café en un sitio donde solíamos
ir todos, o alguna que otra vez durante los fines de
semana cuando nos íbamos en banda a emborracharnos por
ahí. Laura tenía veintitantos años, universitaria, con un
nivel cultural e intelectual que podría sobresalir de la
media, era una mujer atractiva, pelirroja, de estilizada
figura y con un toque rebelde e inconformista, lo cierto
es que no se planteaba la vida como los demás, no esperaba
verse en su vejez preguntándose lo que había hecho o lo
que no había hecho arrepintiéndose del tiempo perdido
cuando ya fuese demasiado tarde, vivir la vida al momento,
carpe diem, repetía siempre.
Hay un dato en Laura que es necesario resaltar, su
profundo ateísmo, ya más de una vez la había visto
discutir con Marisa que era una ferviente católica sobre
la irracionalidad de sus creencias, cuando la muerte
llegue, decía, todo se acaba, y lo único para lo que
servimos es para ser pasto de gusanos. Laura no creía en
nada que no se pudiese explicar a través de la razón, como
buena matemática siempre planteaba que lo que no se podía
explicar racionalmente era irreal e ilógico. El otro día
le estaba comentando que aunque ahora de jóvenes podríamos
ser todos lo ateos que quisiéramos, pero que seguro que
cuando fuésemos unos vejestorios y la muerte nos rondara
ya de cerca, seguro que al final acabaríamos todos los
días en misa y rezando para que nos acojan en ese paraíso
celestial al que llaman cielo; ella decía que no
airosamente, que siempre seguiría creyendo en lo mismo
aunque viese a la muerte cogiéndola de la mano.
Y es aquí cuando empieza el relato que os voy a contar,
¿si de verdad existe algo después de la muerte, que les
pasa a los que no han creído nunca en nada?. Creo que por
fin he encontrado la respuesta después de mucho divagar,
al final todos creen cuando la muerte les llega, es una
certeza que tengo porque lo he visto en los ojos de los
moribundos, nadie quiere morir y ser pasto de gusanos y
que ahí se acabe toda su existencia,
(ACABA EL RELATO
AQUI) |