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Tres discos
ya. Una carrera sólida. Una apuesta marcada por la
continuidad. Sin embargo, cuando debutó Una Sonrisa Terrible daba
la sensación de que el grupo sólo iba a ser un vehículo con el que
Isa Terrible (voz y guitarra) y Dani Cardona (batería), veteranos de
la escena rock valenciana, darían rienda suelta a sus inquietudes
compositivas, sin más ambición que tejer un puñado de satisfactorias
melodías. De hecho, hablar de grupo por entonces era casi un modo de
evitar reconocer que, en realidad, Una Sonrisa Terrible era un dúo
que se hacía acompañar de los músicos que necesitaba en cada
momento. Y así fue en 400 ASA (Matarile Pop Records, 1997) y en
Paracaídas (Criminal Records, 2002)... Pero las cosas
cambian. "Promesas" marca un importante punto de inflexión en la
trayectoria de Una Sonrisa Terrible. Tampoco han dado un giro de 180
grados a su estilo. El gran salto adelante hay que buscarlo en la
consolidación de un quinteto que dota de empaque a las canciones
como nunca hasta el momento. Edu Fort (guitarra), Antonio Sanz
(bajo) y Raúl Tamarit (guitarra) completan una formación que, ahora
sí, es una banda de rock. Por eso, las dulces melodías pop
características del grupo tienen ahora un lado oscuro, una arista
afilada que marca un antes y un después en su modo de concebir las
canciones. "El grito de la mariposa", el tema que abre el disco,
es un perfecto ejemplo: se inicia con una guitarra cortante para, de
inmediato, fluir como un torrente de agua cristalina bajo cuya
superficie (el candor de la voz, el desarrollo de la melodía, las
campanas) se pueden encontrar vidrios rotos (las guitarras heridas,
los acoples). Todo el disco se debate admirablemente entre ambas
opciones, combinándolas con inteligencia y talento, demostrando que
Una Sonrisa Terrible no es un grupo de inane pop adolescente (no
podría serlo, dada la experiencia de sus componentes), sino que
asume influencias de muy diversa índole (¿alguien recuerda a los
grupos de la escudería Spin Art?) para crear un universo propio, en
el que hay sitio para la nostalgia (Pepe Risi, James Dean, John
Lennon, Elvis y muchos otros se pasean por sus letras), pero que
nunca cae en la tentación retro. Y en el que, más que nunca, las
guitarras adquieren un protagonismo que les sitúa más cerca del rock
que del pop. Masterizado por Jose María Rosillo y producido por
el propio grupo, el tercer disco de Una Sonrisa Terrible debería ser
el que sitúe al grupo en el lugar que merece en la escena pop
estatal, una frase tópica y recurrente en las hojas promocionales
que, no obstante, esta vez es absolutamente
cierta. |