Los quince años, para algunos...
Ingrid Ayala

(Elementos escenográficos: en el centro del escenario hay una cama con un cabecero de metal y con sábanas blancas, colocada de manera perpendicular a una pared de color salmón, con posters de cantantes y varias fotos, un tablón con collares, pendientes, una estantería llena de colonias... Da la sensación de estar muy recargada. Sobre la cama está sentada una joven de cara angelical de cabellos rizados y pelirrojos, vestida con un camisón antiguo y fumando un cigarro. Está hablando por el teléfono móvil)

Mira no... ¡Qué no!... Es que no puedo de verdad... Ya, yo que le voy a hacer, si no hay manera... Mientras que esté aquí no voy a ir a ningún lado, que después no me dejan en paz... Que si lo único que hago es salir, que si así no voy a sacar ninguna asignatura... Y eso es lo de menos... En fin, si te contase... ¿Qué te lo cuente? Es que prefiero ni recordarlo... ¿Pero qué dices? ¡Qué no me han pillado con nadie! Anda que tú también, vaya idea que tienes de mí... (mira hacia la derecha y luego hacia la izquierda con el móvil apoyado en el hombro derecho. Apaga el cigarro en un cenicero que tiene escondido debajo de la cama y lo deja en el mismo sitio) Pues mira, ¿te acuerdas el otro día que quedamos? Sí, que fuimos a la fiesta esa con Pablo y con Marcial... Oye Pablo está muy bien, ¿a qué sí? ¿Y te ha dicho algo de mí? Ah, ¿no te ha dicho nada? Pues no es tan guapo, no creas... Pues el caso es que uno de sus amigos, no sé... ¿Cómo se llamaba? ¿El Fari? ¿Y por qué lo llaman el Fari? ¿Por la cara que tiene? Que mala leche... Pues no es tan feo... ¿Y te dijo algo de mí? ¿no? Pues sí, la verdad es que si que le da un aire al Fari... Pues eso, que el tío me dijo que no llevaba mochila ni bolso ni nada, y que como yo llevaba el bolso verde... Sí, el bolso verde ese enorme que tengo que siempre me pongo para ir al insti porque es super cómodo... Sí, el de Dior... Pues me dijo que le guardase el monedero, y luego cuando nos fuimos se me olvidó dárselo... Y no veas la que se ha montado... Si guapa, que menudos amigos hippies que tienes... Que no sé de dónde los sacas... Pues al día siguiente a mi madre le dio por coger mi bolso verde... ¿Qué por qué? Ya, es verdad, ella de Burberry no la sacas... Pero mira por dónde ese día se vistió en tonos así verdosos... sí, mi madre se está modernizando... Iba ideal, la verdad... Pues cogió el bolso verde, y mira por donde Marita, fíjate, que vió el monedero del Fari y dijo “¡Esto no es de mi niña!¡Si lo han comprado en los moros!”... Sí, ella tiene un ojo para ver las cosas que son de falsificación increíble... Con decirte que una vez intentaron venderle... Sí, cuando fuimos a Roma... una chaqueta de Dolce & Gabbana y ella le dijo que no, que aquello era falso porque las costuras no tenían el diseño habitual de la marca, ¡qué estaban muy juntas!... ¡Y era verdad! ¡Qué la chaqueta era falsa!... ¿Por dónde iba? Ah, sí... que se dio cuenta de que el monedero no era mío y lo abrió... Sí, ella es así, es cotilla, ya... ¿Y a qué no sabes lo que se encontró dentro? (breve silencio) CHOCOLATE (estas palabras las pronuncia despacio, empapándose en cada sílaba). Sí tía, CHOCOLATE (idem). ¿Qué? ¿Qué hacía una tableta de chocolate en el monedero?... Tía, pero ¿tú estás empaná o qué? ¿Qué son tus amigos los hippies esos? No los míos... Los míos fuman marihuana, que es de más calidad... Si es que se nota que tienes un año menos, guapa... Ah, ¿qué era broma? Mira que guasona eres... De todas formas no me hubiese extrañado que lo dijeses en serio, porque a ver si sales más guapa... Que tanto libro te va a dejar fuera de onda... Y aprendes de mí, que yo a tu edad sabía eso y mucho más... ¡Hasta las posiciones del kamasutra me sabía! Sí, yo es que le robé el libro ese al novio de mi madre... No, Fernando el de ahora no, el que era director del banco ese... ¿Cómo se llamaba? Ah, sí, Ildefonso... menudo nombre, sí... Pues eso, tú pégate a mí y aprende, que es lo que tienes que hacer (sonríe y se coge uno de sus rizos con el dedo índice y empieza a dale vueltas al mechón) Pues que cogió el chocolate... Y ¡en qué momento cogió el chocolate! ¡Qué se lo fumó entero! ¿De golpe? No, de golpe no... Empezó a liarse y a liarse... y ¡qué se lió toda la tarde fumando! Si es que dice que tiene crisis de ansiedad... Que con tanto estrés, que necesita relajarse... ¿Qué? ¿Mi madre? Pues no, no trabaja, no... No tampoco hace nada en la casa... Tía, ¡qué pregunta! Pues si tenemos tres criadas que se encargan de todo... Sí, de esas que van con la cofia, sí, ¿qué te crees?... Pero ella está estresada... Si es que yo creo que tiene la crisis de la edad... No, la menopausia no... No es como la tuya...¡Qué mi madre es mucho más joven!... Pues eso... Ya tiene treinta y dos años y, la verdad, le ha salido una arruga... Y eso no es lo peor... (breve silencio) TIENE CELULITIS (lo dice lentamente, recreándose en cada sílaba) Sí, muy fuerte... Yo estaría fatal... Y encima se ha dado cuenta porque se lo ha dicho una amiga en el gimnasio... “Tienes celulitis Flor. No te preocupes, que te voy a dar el número de mi cirujano”... Y mi madre ya ves, se quedó destrozada... La pobre... Y así está, con ataques todo el día... Y claro, se fumó el chocolate y ahora su novio, Fernando... Sí, el que me cae fatal... Él y su hija Claudia... Unos sosos de verdad... Pues no dicen ahora que no hace falta vivir con tantos lujos... ¡Qué exagerados!... ¿Qué quieren? ¿Convertir mi casa en la casa de la pradera?... y le mete a mi madre ideas tontas en la cabeza... Si hay que mirar más por mi educación... Que si está creando conmigo a un monstruo consentido... ¡Sí yo estaba estupendamente hasta que llegaste tú, imbécil!... Eso es lo que pienso yo... ¡No le aguanto! Y su hija, todo el día leyendo libros y tocando el piano... Y hasta cocina de vez en cuando... Plebeya (sonríe brevemente con malicia y vuelve a ponerse seria)... Y con sus amigos... La tonta se ha querido quedar en el Instituto Público... ¡Que no está de acuerdo con la ética de las Privadas! Pues eso Marita (se escucha a alguien llamándola desde lejos por su nombre, Flor)... Que te tengo que dejar... Que me llaman para la cena... ¿Has visto en qué infierno se está convirtiendo mi vida?... Sí, que ya te lo he dicho, que desde que Fernando pilló a mi madre fumándose el chocolate del Fari que encontró en mi bolso no puedo salir en una semana... Ya, sí, es mi cumple la semana que viene... Menudo cumpleaños que me van a dar... (habla con tono melancólico) Mi quince cumpleaños... Mi quince cumpleaños (sube el tono de voz y se echa a llorar. Se apagan las luces del escenario progresivamente hasta quedar todo a oscuras, mientras repite las mismas palabras).

Ingrid Ayala

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