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“Hoy
estoy sola en casa y puedo hacer todo lo que quiero. ¿Qué elijo? No
lo sé. ¡Ay, Dios, estoy nerviosa! Me ha tomado mucho tiempo que
confíen en mí. ¡Sí, sí! Me ha costado mucho, pero lo logré. ¿Qué
elijo, Diazepán o Valium? El Valium es fuerte y hará más efecto si
pongo grandes cantidades en la olla de la comida. ¡Sí, eso es! Tengo
que poner unas cuantas pastillas en la comida, ya que lo han dejado
todo listo para calentar y comer. Cuando lleguen de las compras todo
estará listo. Ya las veo decir:
—¡Mira, mona, lo que te compré!
Y yo tendré que sonreír, acercarme y darle un beso de agradecimiento
por la porquería que me ha comprado.
— Mira, cariño. Ven, mi vida, mira lo que mamá compró para ti… Mira
qué lacito más bonito para el pelo. Ven, mi vida, que te lo pongo.
Y yo tendré que ser sumisa, arrimarme y hacer el papel de niña
buena. Ahora tengo 22 años y ellas me tratan como a una niña de
ocho, con vestiditos, lacitos, zapatitos de charol y medias de niña
escolar. Creen que soy una subnormal y que no me doy cuenta de nada.
Lo único que hacen es reírse de mí. Pero yo callo, tengo que ser una
niña buena y sonreír a todos sus atropellos y burlas. Tengo que ser
dulce, dócil, buena nena para que no me manden al manicomio. ¡Sí, a
la casa de los locos! Pero yo no estoy loca. No, no, no estoy loca.
Las odio con toda mi alma, las odio por lo que me hicieron, por
mandarme a la casa de los locos cuando les dije que mi padrastro y
el marido de mi hermana abusaron de mí. ¡Malditas brujas! Tienen que
morir como unas ratas. Las odio porque los bastardos de sus maridos
me violaron.” |