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HORSE the band alcanza un
grado de frikismo inusitado. Su rasgo distintivo, ese
teclado de 8 bits, es suficiente para crear un estilo
nuevo e independiente del que son los únicos
predicadores: el nintendocore, lo que es como escuchar a
una banda de hardcore experimental con Mario o Yoshi a
los teclados y una NES rebotando contra las paredes.
Esto en términos absolutos, pero si nos posicionamos en
el centro de una escena en la que nos encontramos
formaciones tan marcianas como Fear Before the March of
Flames o The Number Twelve Looks Like You su propuesta
no resulta tan excesiva.
Ahora edita al fin en Europa su cuarto álbum de estudio,
"A Natural Death", que sucede al, también digno de
mención por su grado extravagancia, EP "Pizza" en el que
incluían cuatro temas sobre la susodicha especialidad
culinaria italiana y además una versión del tema
principal de la serie Las Tortugas Ninja. Con semejantes
precedentes es evidente que no podemos enfrentarnos a
este nuevo álbum más que con la idea de que vamos a
encontrarnos una ida de olla detrás de otra. Y más o
menos es así, pero no se puede negar que estos tíos
tienen ideas y que hacen, pese a todo, una música muy
interesante.
Y nos lo demuestran rápidamente en los dos primeros
temas del disco: "Hyperborea" y "Murder", dos auténticos
trallazos metalcore de factura casi perfecta. La
práctica totalidad del álbum se desarrolla con
normalidad y a muy buen nivel, combinando partes de
tralla hardcore acelerada con pasajes más reposados
(precioso ese interludio llamado "Crickers") hasta que
llegamos al que es probablemente el mejor corte, una "New
York City" que tiene un poco de todo, idas y venidas,
subidas y bajadas y ese omnipresente teclado que se
integra en la canción mejor que nunca. Un final
apoteósico que nos introduce al tema más excéntrico de
este trabajo: "Sex Raptor", que si me hubieran dicho que
es un gran hit dance de principios de los ochenta me lo
habría creído sin condiciones, porque suena totalmente a
eso, con voces distorsionadas incluidas. Acercándonos al
final, cabe destacar "His Purple Majesty", otro
pepinazo; "Kangarooster Meadows", una canción casi de
coña pero con mucho encanto, y "I Think We Are Both
Suffering From The Same Crushing Metaphysical Crisis",
una bizarrada de siete minutos en la que HORSE the band
muestran todo su potencial.
El punto negativo del disco es la cantidad de
interludios incluidos, hasta cinco de un total de
diecisiete canciones. Y es una pena, porque es un disco
bastante directo de canciones con fuerza cuya pegada se
ve muy mermada por los constantes bajones. No obstante,
la calidad compositiva de algunos de ellos, como "Lif",
que cierra el disco, es digna de admirar. Por lo demás
da la sensación de que, pese a que el grupo parece que
hace lo mismo de siempre, madura su sonido con cada
nueva referencia y de hecho aparentemente los
personalísimos sonidos de teclado que les caracterizan
suenan ahora más integrados y de una manera más lógica
que en sus anteriores entregas.
Podríamos concluir que se trata de otro buen disco en su
carrera, quizá no tan redondo como "R. Borlax" pero que
sin duda gustará a todos los seguidores de esta ya casi
legendaria banda. E incluso es un comienzo recomendable
para los que aún no hayan sido testigos de su estilo
único.
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