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Prólogo
"Jaime M.
Tur" |
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Dando por
ciertos los resultados obtenidos por unos investigadores
estadounidenses de la Universidad de Oregón –volveré a
ellos más adelante–, respecto a que la amnesia relacionada
con el olvido es una amnesia selectiva, ya que los seres
humanos pueden influir sobre el contenido de sus memorias,
debido a que a uno se le olvidan los hechos del pasado que
no quiere o no le interesa recordar; voy a intentar
rememorar todos los recuerdos desde que tengo uso de razón
y, de paso, a ver si logro atrapar todos los que no
debería recordar –algunos los tengo grabados en mi mente a
buril– de la durísima vida legionaria que me tocó vivir y
mucho menos relatar, más que nada, por el enorme daño que
me causaron. Eso sí, lo haré por si pudiera servir de
regocijo, quizás de enseñanza y de sana curiosidad, y para
que, por fin, mis hijos conozcan –jamás les conté penas–
las andanzas de su padre, ya que su madre tampoco las
conoció en vida.
Al relatar estos recuerdos, lo haré sin desviarme ni un
ápice de la verdad –la verdad de mis vivencias, quiero
decir– por muy dura que resulte, tanto para mi persona
como para el ser o los seres que más haya querido. No
aparecerá, ni mucho menos, el siempre corrosivo rencor, ni
el menor atisbo del infamante odio y de ninguna de las
maneras la bajeza de una venganza ni la degradante
envidia, entre otras razones, porque jamás he sentido ni
siento tales ruindades, ajenas a mi manera de ser y
pensar.
Ni pienso pedir disculpas, ya que en el balance de faltas
cometidas y castigos recibidos, obtengo un saldo
excesivamente lacerante. Tampoco culparé al que me dio la
vida por la dureza y falta de cariño que viví a su lado, y
que tanto me hicieron sufrir, por considerar que fueron el
fruto de arcaicos y erróneos puntos de vista
generacionales. Ni a los extraños que abusaron del
inmerecido poder que alcanzaron, merecedores del olvido
más absoluto por su ínfima calidad personal digna de
lástima. Eso sí, no faltarán opiniones y críticas -duras
en algunos casos- contra los aberrantes comportamientos
que soporté y las absurdas normas establecidas.
He de aclarar, igualmente, que aun teniendo frescos en mi
memoria la mayoría de los recuerdos que intento relatar,
no va a ser posible seguir el orden cronológico exacto en
el que se sucedieron los mismos. Los años que van pasando
alejan las vivencias, y aparece en el cerebro una tenue
neblina que impide vislumbrar con nitidez el requisito
clarificador de la sucesión de hechos en el tiempo;
aunque, a decir verdad, se puede prescindir de la
exactitud de las fechas por su falta de interés. |
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