Jose Antonio Malagón Zafra

AMANECER

Un poco más... ¡¡Nooo!!, por favor, un poco más

La Luz nació y deslumbró a la oscuridad, la habitación cogió color, se empezó a perfilar como cuando un telón se retira para dar paso al decorado y a los actores que componen la escena, alli estaba ella, firme, despierta, seria y con prisa. Todo un tornado en vida.

Esa maldita persiana, aun sigo pensando ñeque mi caballo ganará la carrera y ya estoy comiendo en la cocina, antes me he arrastrado por el pasillo, de pared a pared, rascándome el ojo para limpiarme las legañas.

NIÑO: Mmm, qué rico... pero tiene nata, mama, la nata no me gusta me da asco.

El tazón desbordaba galletas mientras yo jugaba a Hundirlas y que no salieran del recipiente.

MADRE: He dicho que hay prisa, así que ya puedes estar comiéndotelo todo que estamos saliendo en 5 minutos.

NIÑO: ¿Por qué tengo que comerme la nata?

MADRE: Porque yo lo digo y punto.

Aun mastico el azúcar que tengo entre los dientes mientras mamá aprieta los cordones de mis zapatos.

NIÑO: ¡¡Aaaaa!! No me lo ates tan fuerte que me haces daño.

MADRE: Tirando, te los voy a atar como tu quieras, además, si no te gusta aprende a atártelos tu que ya eres grandecico para algunas cosas.

NIÑO: Eres tonta, siempre tienes que estas chinchándome.

MADRE: Dos cosas canijo, una, no te metas con tu madre delante de ella y dos lávate los dientes que ya llegamos tarde.

Mientras me seca la cara ya estoy bajo el umbral de la Puerta y cojo la cartera... A partir de ese momento todo corre alrededor, el suelo corre bajo mis pies mientras tiran de mi brazo que se quiere salir de mi cuerpo.

Y me río al ver que los cordones de los zapatos ya están desatados. Miro a mama que no hace otra cosa que tocarse la frente y soplar por la boca.

En realidad yo ya soy grande para que me dejara ir solo al cole pero ella dice que vaya que pase algo, siempre tiene que pasar algo.

NIÑO: Mama

MADRE: Qué

NIÑO: Me comprarás chuches para el recreo

MADRE: No, que se te van a caer los dientes de comer tantas porquerías.

NIÑO: Solo una mamá, solo un palito de azúcar.

MADRE: Bueno, pero solo si te callas de aquí al colegio, que hoy me duele la cabeza, creo que a tu padre le va a dar un infarto y a mi se me va ir la vida con sus problemas.

NIÑO: No, mamá que luego me engañas.

MADRE: Pues pórtate bien, que eres tu el que me traes loca.

NIÑO: A mi también me engañas como a Papa.

Mamá detuvo el paso y de la galleta que me dio me saltaron las lagrimas.
A mamá no le gusto lo que acababa de decir y sin embargo me dio un beso justo después de darme el bofetón.

MADRE: Una cosa más. Respeta a tu madre, como te quiero yo nadie te querrá en la vida.

Y seguimos el paso. Mamá no resoplaba, ahora lloraba tras sus gafas oscuras.

MADRE: Te acabas de quedar sin chuces y la próxima vez que digas eso te doy otra.

No volvió a decirme nada hasta el portón verde de la puerta del cole, mamá me suelta de la mano, casi no la puedo abrir de lo fuerte que me la coge cada vez que voy con ella.

Se arrodilla ante mi para ponerse a la altura de mi cara, me toca la nariz y en su mano un palote de azúcar.

MADRE: Que sepas que como te quiere tu madre nadie te querrá en esta vida.

Me dio un beso en la frente y se fue. En ese momento empecé a llorar pero ella ya doblaba la esquina de la calle.

Jose Antonio Malagón Zafra

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