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En los tiempos que corren,
el ser un buen instrumentista está al alcance de
cualquiera siempre que se tenga constancia y tesón.
Ahora, destacar como compositor es mucho más complicado
pues se necesita algo más que buena técnica y
experiencia.
Marc Rizzo se ha ganado a pulso y por méritos propios
ambos apelativos aunque por desgracia “The ultimate
devotion” no sea un buen ejemplo para explicar el por
qué de su éxito.
Tras un muy destacable “Colossal miopía”, Rizzo vuelve
con su segunda apuesta íntegramente instrumental en
donde el batiburrillo de riffs, cambios de ritmo sin
sentido y solos desquiciantes llega a agobiar.
Nuevamente, Marc mezcla la música latina con riffs
despiadados y pesados pero sin la gracia de antaño.
Poderosos fraseos que se empecinan más en demostrar la
perfecta técnica de Rizzo que a transmitir algo de
sentimiento se entremezclan con, esta vez sí, cuidadas
pinceladas latinas elaboradas con elegancia y buen gusto
pero que en conjunto no terminan de cuajar.
Destacar algún tema resulta complicado pues todos siguen
más o menos la misma dinámica y, a fuerza de ser
sinceros, ninguno destaca por nada en especial aunque sí
se agradece el contraste que ofrecen cortes como las
dulces y tranquilas “angelina’s song” o “trentinarra”
frente a bombas sonoras como “The ultimate devotion” o
la cantada “All for nothing”
Quien quiera descubrir la faceta más intimista y
sorprendente de Rizzo lo tiene fácil, le bastará con
recurrir a su predecesor “Colossal Miopía” dejando de
lado este mediocre “The ultimate devotion”.
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