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El cuarto disco de Refree
es un disco de pop oculto tras un tenue manto de jazz
que lo recubre por completo, ya que Raul Fernández se ha
hecho acompañar por el grupo de jazz The Sweet Cut,
consiguiendo un disco tan intemporal como bello y tan
cosmopolita como personal.
"Els invertebrats" es una suerte de palíndromo, cuyo
centro es la portentosa El Sud, que se rodea de dos
canciones gemelas y perfectas, para seguir abriéndose en
la siguiente cáscara con las canciones más
prescindibles, y llegar al final de la onda expansiva
con la primera y la última canción, tan buenas como las
tres centrales, y tan inolvidables como todo el disco en
general. Las canciones, de un divisionismo costumbrista,
a veces recuerdan musicalmente a los inicios de Sr.
Chinarro -hablo de la gloriosa Una rodillita dos, por
ejemplo-, pero como si fueran cantadas por un Parade sin
maquinitas, que en vez de oir tanto a Franco Battiato
oyera más a Sisa.
Se inicia el disco con una fabulosa Buenos días por la
mañana, que en un minuto y veinte segundos de pianos y
silbidos deshilachados se convierte en heredera directa
de El niño inseminado, lo que te hace ver que estás ante
un disco muy a tener en cuenta. Un oficio antiguo y La
mestressa, casi más de Parade que de Refree, son buenas,
pero viendo lo que viene después, es mejor dejarlas
pasar.
Y se llega a las tres canciones centrales, tres
canciones que forman un half pipe rápido-lento-rápido
resumen de todo el disco. Empieza con Envejece, en la
que Raul sigue su recorrido de mañana de domingo en su
barrio con una alegría melancólica que ni los Magic
Numbers, para bajar el pistón con El sud, magistralmente
cantada por Raül con el único acompañamiento del
contrabajo de Manolo Cabras, y luego subir con El Sant
Sopar, con palmas, moog, fiesta y todo lo necesario para
acabar el guateque.
Aunque alguna de las siguientes canciones, como Marlina,
pudieran oirse en el programa Área reservada, lo que
echa para atrás bastante, el nivel de calidad del disco
sigue prácticamente intacto, para acabar al más alto
nivel con un poema musicado de Gloria Fuertes, Nana al
niño que nació muerto, precioso poema convertido en
perfecta canción pop, que seguro hubiera hecho las
delicias de Enrique Urquijo, quien tenía en cartera
cuando murió un disco de poemas Gloria Fuertes, que
quizá, oyendo sus discos con Los Problemas, no hubiera
estado tan lejos de lo que ha hecho Raul Fernández, una
sencilla canción pop con piano y violín. |