El Pacto

"Sergi Escolano"

 
EL PACTO

Llamaban a la puerta del apartamento de Fausto. Fausto estaba solo en casa, viendo el interesante partido Pakistán – Paraguay del Mundial de fútbol. Intentó no hacer ruido para que quien hubiera llamado pensara que no había nadie pero el altísimo volumen de la tele lo delató. Volvieron a llamar y no tuvo más remedio que ir a ver quién era. Mascullando, se levantó del cómodo sofá y caminó pesadamente hacia la puerta.

-¿Quién es?
-Tengo una proposición que hacerle que no podrá rechazar.
-No me interesa. ¡Adiós!

El pesado volvió a llamar al timbre. Esta vez Fausto miró por la mirilla pero no vio a nadie, a pesar de que el timbre continuaba sonando.

-El muy cabrón ha trabado el timbre – pensó indignado.

Abrió la puerta para hacer callar el maldito timbre. Y allí estaba él: con un traje de ejecutivo negro impecable, maletín de piel y sombrero. Fausto no se esperaba encontrara nadie y se asustó un poco.

-¿Cómo es que no le he visto por la mirilla?
-Los instrumentos ópticos y yo no somos demasiado compatibles. No me reflejo en los espejos, ni se me ve por las mirillas, ni salgo en las fotografías...
-¡Qué putada!
-Pues la verdad es que sí. Una vez no me dejaron participar en un concurso de la tele porque la cámara no me podía grabar. Pero es un hecho que me acompañará siempre y tendré que aprender a convivir con él.
-¿Y qué quería de mí?
-¡Ah, sí! Como ya le he dicho antes tengo una proposición que hacerle que no podrá rechazar.
-Y como ya le he dicho antes: no me interesa.
-Pero déjeme que le explique...
-Ya le he dicho que no me interesa.
-Escúcheme. No soy un vendedor de seguros, ni del Círculo de Lectores. Tengo una cosa para usted que le cambiará la vida.

Fausto vio que sería imposible deshacerse de aquel pesado i decidió hacerle pasar a la sala de estar, y así, mientras aquel plomo le explicaba su rollo, él podría seguir viendo el partido. Esperaba no haberse perdido nada interesante. El vendedor colgó su sombrero en una percha que había en la entrada. Tenía el cabello muy negro, un pequeño bigote puntiagudo y una también pequeña y puntiaguda perilla. Su color de piel era un rojo intenso, sus orejas también eran puntiagudas, igual que dos pequeños cuernos que tenía en la cabeza. Pasaron a la sala de estar. Fausto comprobó de reojo que estaban en la media parte del partido. Se sentaron en el sofá.

-¿Quiere una cerveza? Tengo San Miguel.
-¡No! ¡No! ¡San Miguel no! ¿No tiene ninguna otra marca?
-Sí, tengo unas cervezas de importación que se llaman Satán.
-Perfecto. Éstas sí que me van bien, gracias.

Fausto fue a la cocina y volvió segundos más tarde con dos cervezas. Su rapidez sorprendió incluso al vendedor. Aquella era una operación que tenía ampliamente ensayada. Podía ir a la cocina, abrir la nevera, sacar una cerveza y volver en 4.7 segundos. Así no se perdía ninguna jugada interesante cuando había partido. Estaba pensando en comprar una mininevera para ponerla al lado de la tele y con eso resolvía el problema de las provisiones. Si aquel pesado vendedor le ofrecía una nevera sí que la compraría. El problema que aún no sabía resolver era el de las tremendas ganas de mear que provoca la cerveza. Tardaba más de dos minutos en ir al lavabo, mear y volver. Había días que tardaba cinco o más. Si hasta se perdió el gol de Koeman en la final de la Champions por culpa de su maldita vejiga. Cuando oyó el gol empezó a saltar como un desesperado y mojó todo el lavabo y parte del pasillo. Si algún día inventaran la cerveza no diurética él sería su más fiel comprador. Estaba inmerso en sus pensamientos sobre la solución a su problema de vejiga cuando se dio cuenta de la presencia de aquel vendedor indeseable.

-Bueno, vayamos al grano – dijo mientras abría su maletín, de donde sacó unos humeantes documentos -. Como le decía antes, ésta es una proposición que le cambiará la vida.
-Estoy muy contento con mi vida.
-Eso no lo dudo. ¿Pero está contento con la duración y fecha de caducidad de su vida?
-No me puedo quejar.
-¿Que no se puede quejar? Cuando vea mi oferta verá como hasta ahora le estaban engañando. Yo le ofrezco... la Inmortalidad.
-Pero es que yo...
-Sí, ya sé que no me cree. La verdad es que es una propuesta difícil de creer.
-No, si yo me lo creo, pero...
-Espere, deje que le explique.
-Pero...

Fausto vio que comenzaba la segunda parte del partido y desconecto de lo que le decía el vendedor.

-Sé que le sonara un poco fuerte, pero es usted un hombre moderno y se le puede hablar de ciertas cosas sin asustarlo. ¿Verdad?
-Sí, sí... – dijo Fausto mecánicamente sin saber ni siquiera a qué pregunta estaba respondiendo, el portero de Pakistán había enviado a córner una pelota que iba directa a la escuadra de la portería.
-Bueno, pues prepárese. Yo represento al Infierno y al Demonio – esperó unos segundos para ver la reacción de Fausto -. Veo que se lo ha tomado bastante bien.
-Sí, sí... - ¿cómo podía ser que el árbitro hubiera pitado fuera de juego?
-Continuemos. Somos una empresa que sólo quiere el beneficio y bienestar de nuestros clientes. Puede consultar nuestros productos en este catálogo que le dejo, sin ningún compromiso, por supuesto, o también puede consultar nuestra página web www.luci.com (www.hell.com ya la habían registrado antes que nosotros). El producto estrella, que es el que le ofrezco, es el Pack Inmortalidad. Consta de diversas categorías: inmortalidad para un electrodoméstico, inmortalidad para un coche o moto, inmortalidad para una mascota, inmortalidad para un beneficiario, inmortalidad para el titular del contrato... Todas con las variantes de inmortalidad parcial (usted es inmortal pero continúa envejeciendo) o inmortalidad total, que es el producto que le ofrezco, con el cual usted continuará disfrutando de su cuerpo exactamente como está ahora. Las únicas cláusulas del contrato son que no puede haber más de una persona por familia o pareja que sea inmortal y que el titular puede rescindir el contrato cuando quiera, pero a partir de ese momento su alma pasa a pertenecer a nuestra empresa. Sinceramente, creo que son unas condiciones excepcionales, tenemos miles de clientes en todo el mundo y todos están muy contentos. Aquí le dejo también la revista del club, donde nuestros clientes opinan, hay artículos de actualidad, se organizan reuniones y viajes, hay descuentos en museos, comercios, restaurantes, funerarias... Léase la revista y verá todas las ventajas que puede tener si firma nuestro contrato. ¿No le parece una buena propuesta?
-¡Goooooooool! ¡Gol! ¡Gol! ¡Gol! – un increíble contraataque de Pakistán, magistralmente ejecutado por el tándem atacante pakistaní había dejado clavada la defensa paraguaya y había hecho subir el primer gol al marcador, cuando pasaban dos minutos del tiempo reglamentario.
-Me parece que no me ha estado escuchando.
-Ya le he dicho que no me interesaba.

El vendedor-diablo en un principio se indignó, pero después pensó que aquel hombre estaba tan pendiente del partido que firmaría cualquier cosa que le pusiera delante. No era una táctica honesta pero estaba seguro que contaría con el visto bueno de su jefe. Necesitaba hacer un contrato más antes de acabar el mes o lo despedirían del departamento comercial, entonces debería volver a su antiguo trabajo de mantenimiento de calderas, un trabajo duro y con un sueldo que no le permitiría mantener el nivel de vida de su mujer, sus tres diablillos y su diabólica suegra. Le dio el contrato y cargó la estilográfica con la sangre del brazo de su cliente, el cual estaba tan pendiente del partido que no se dio cuenta del pinchazo. Fausto cogió mecánicamente la pluma y el contrato sin apartar los ojos del aparato de televisión, donde justamente en ese preciso momento el colegiado señalaba el final del encuentro.

-Firme aquí, donde dice: el titular/beneficiario Ángel Martínez.
-Hay un pequeño problema.
-¿No le han gustado las condiciones del contrato?
-No, si las condiciones me parecen cojonudas, pero es que yo no soy Ángel Martínez, es el vecino de al lado, y murió hace tres días de un ataque al corazón.
-¡Demonios! ¿Y a usted no le interesan nuestros servicios?
-No.
-¿No? Pero si acaba de decir que son unas condiciones cojonudas, señor...
-Fausto, Fausto Rodríguez.
-Fausto Rodríguez... el nombre me suena mucho.
-Es que resulta que hace más de trescientos años que soy cliente suyo.
-Claro, Fausto Rodríguez. Me he hecho un lío con los papeles. Un momento que encuentre su ficha... aquí... sí, Fausto Rodríguez, Mollerussa 1654, fecha de contrato 6-6-1684... Yo venía a hablarle de las condiciones del contrato. ¿Nunca ha pensado en rescindirlo? Piense que la inmortalidad suena muy bien al principio, pero a medida que pasan los años y va viendo como la gente que quiere, la mujer, los hijos, los amigos, van envejeciendo y usted no puede hacer nada para pararlo. Es una situación insostenible. Además el mundo evoluciona pero su mente aún se añora del pasado, no puede evolucionar a la misma velocidad y entra en una crisis existencial, no sabe adónde pertenece porque en realidad no pertenece a ningún sitio.
-Sí, tiene toda la razón. Yo he pasado más de una vez por crisis de esas. Vi con impotencia como mis sucesivas esposas y mis incontables hijos envejecían y morían. Estuve a punto de rescindir el contrato cuando murió mi última mujer, Paula. Quedé tan destrozado que solamente quería morir, pero una vez pasado el dolor inicial encontré una compañera que no sólo no envejecía sino que mejoraba con el tiempo: la tele. La tele empezó como un entretenimiento y ahora es una parte indispensable de mi vida. Tengo tres parabólicas, dos vídeos, tres grabadoras de DVD y cuatro televisores. Puedo disfrutar de más de quinientos canales de televisión sin moverme del sofá. Además trabajo para dos plataformas de televisión digital, así que no sólo me salen gratis los canales sino que además gano mucho dinero. Precisamente, creo que tengo para usted el pack perfecto. Se trata de una televisión por cable, ya que en el infierno no se recibe bien la señal de las parabólicas. El paquete básico consta de diez canales, más cinco temáticos y la posibilidad de...

Una hora y media más tarde el vendedor-demonio salió de la casa de Fausto con un contrato de televisión digital en su maletín y con la incertidumbre de cómo podría pagar con su nuevo sueldo del departamento de mantenimiento de calderas las infinitas posibilidades que le ofrecía la plataforma (la Champions League, la NBA, los toros, los mejores estrenos de cine, el canal porno...). Aunque tampoco era un problema inminente, Fausto le había hecho un trato de cliente preferencial y no empezaría a pagar hasta septiembre.
Sergi Escolano
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