EL PACTO
Llamaban a la puerta del apartamento de Fausto. Fausto
estaba solo en casa, viendo el interesante partido
Pakistán – Paraguay del Mundial de fútbol. Intentó no
hacer ruido para que quien hubiera llamado pensara que no
había nadie pero el altísimo volumen de la tele lo delató.
Volvieron a llamar y no tuvo más remedio que ir a ver
quién era. Mascullando, se levantó del cómodo sofá y
caminó pesadamente hacia la puerta.
-¿Quién es?
-Tengo una proposición que hacerle que no podrá rechazar.
-No me interesa. ¡Adiós!
El pesado volvió a llamar al timbre. Esta vez Fausto miró
por la mirilla pero no vio a nadie, a pesar de que el
timbre continuaba sonando.
-El muy cabrón ha trabado el timbre – pensó indignado.
Abrió la puerta para hacer callar el maldito timbre. Y
allí estaba él: con un traje de ejecutivo negro impecable,
maletín de piel y sombrero. Fausto no se esperaba
encontrara nadie y se asustó un poco.
-¿Cómo es que no le he visto por la mirilla?
-Los instrumentos ópticos y yo no somos demasiado
compatibles. No me reflejo en los espejos, ni se me ve por
las mirillas, ni salgo en las fotografías...
-¡Qué putada!
-Pues la verdad es que sí. Una vez no me dejaron
participar en un concurso de la tele porque la cámara no
me podía grabar. Pero es un hecho que me acompañará
siempre y tendré que aprender a convivir con él.
-¿Y qué quería de mí?
-¡Ah, sí! Como ya le he dicho antes tengo una proposición
que hacerle que no podrá rechazar.
-Y como ya le he dicho antes: no me interesa.
-Pero déjeme que le explique...
-Ya le he dicho que no me interesa.
-Escúcheme. No soy un vendedor de seguros, ni del Círculo
de Lectores. Tengo una cosa para usted que le cambiará la
vida.
Fausto vio que sería imposible deshacerse de aquel pesado
i decidió hacerle pasar a la sala de estar, y así,
mientras aquel plomo le explicaba su rollo, él podría
seguir viendo el partido. Esperaba no haberse perdido nada
interesante. El vendedor colgó su sombrero en una percha
que había en la entrada. Tenía el cabello muy negro, un
pequeño bigote puntiagudo y una también pequeña y
puntiaguda perilla. Su color de piel era un rojo intenso,
sus orejas también eran puntiagudas, igual que dos
pequeños cuernos que tenía en la cabeza. Pasaron a la sala
de estar. Fausto comprobó de reojo que estaban en la media
parte del partido. Se sentaron en el sofá.
-¿Quiere una cerveza? Tengo San Miguel.
-¡No! ¡No! ¡San Miguel no! ¿No tiene ninguna otra marca?
-Sí, tengo unas cervezas de importación que se llaman
Satán.
-Perfecto. Éstas sí que me van bien, gracias.
Fausto fue a la cocina y volvió segundos más tarde con dos
cervezas. Su rapidez sorprendió incluso al vendedor.
Aquella era una operación que tenía ampliamente ensayada.
Podía ir a la cocina, abrir la nevera, sacar una cerveza y
volver en 4.7 segundos. Así no se perdía ninguna jugada
interesante cuando había partido. Estaba pensando en
comprar una mininevera para ponerla al lado de la tele y
con eso resolvía el problema de las provisiones. Si aquel
pesado vendedor le ofrecía una nevera sí que la compraría.
El problema que aún no sabía resolver era el de las
tremendas ganas de mear que provoca la cerveza. Tardaba
más de dos minutos en ir al lavabo, mear y volver. Había
días que tardaba cinco o más. Si hasta se perdió el gol de
Koeman en la final de la Champions por culpa de su maldita
vejiga. Cuando oyó el gol empezó a saltar como un
desesperado y mojó todo el lavabo y parte del pasillo. Si
algún día inventaran la cerveza no diurética él sería su
más fiel comprador. Estaba inmerso en sus pensamientos
sobre la solución a su problema de vejiga cuando se dio
cuenta de la presencia de aquel vendedor indeseable.
-Bueno, vayamos al grano – dijo mientras abría su maletín,
de donde sacó unos humeantes documentos -. Como le decía
antes, ésta es una proposición que le cambiará la vida.
-Estoy muy contento con mi vida.
-Eso no lo dudo. ¿Pero está contento con la duración y
fecha de caducidad de su vida?
-No me puedo quejar.
-¿Que no se puede quejar? Cuando vea mi oferta verá como
hasta ahora le estaban engañando. Yo le ofrezco... la
Inmortalidad.
-Pero es que yo...
-Sí, ya sé que no me cree. La verdad es que es una
propuesta difícil de creer.
-No, si yo me lo creo, pero...
-Espere, deje que le explique.
-Pero...
Fausto vio que comenzaba la segunda parte del partido y
desconecto de lo que le decía el vendedor.
-Sé que le sonara un poco fuerte, pero es usted un hombre
moderno y se le puede hablar de ciertas cosas sin
asustarlo. ¿Verdad?
-Sí, sí... – dijo Fausto mecánicamente sin saber ni
siquiera a qué pregunta estaba respondiendo, el portero de
Pakistán había enviado a córner una pelota que iba directa
a la escuadra de la portería.
-Bueno, pues prepárese. Yo represento al Infierno y al
Demonio – esperó unos segundos para ver la reacción de
Fausto -. Veo que se lo ha tomado bastante bien.
-Sí, sí... - ¿cómo podía ser que el árbitro hubiera pitado
fuera de juego?
-Continuemos. Somos una empresa que sólo quiere el
beneficio y bienestar de nuestros clientes. Puede
consultar nuestros productos en este catálogo que le dejo,
sin ningún compromiso, por supuesto, o también puede
consultar nuestra página web www.luci.com (www.hell.com ya
la habían registrado antes que nosotros). El producto
estrella, que es el que le ofrezco, es el Pack
Inmortalidad. Consta de diversas categorías: inmortalidad
para un electrodoméstico, inmortalidad para un coche o
moto, inmortalidad para una mascota, inmortalidad para un
beneficiario, inmortalidad para el titular del contrato...
Todas con las variantes de inmortalidad parcial (usted es
inmortal pero continúa envejeciendo) o inmortalidad total,
que es el producto que le ofrezco, con el cual usted
continuará disfrutando de su cuerpo exactamente como está
ahora. Las únicas cláusulas del contrato son que no puede
haber más de una persona por familia o pareja que sea
inmortal y que el titular puede rescindir el contrato
cuando quiera, pero a partir de ese momento su alma pasa a
pertenecer a nuestra empresa. Sinceramente, creo que son
unas condiciones excepcionales, tenemos miles de clientes
en todo el mundo y todos están muy contentos. Aquí le dejo
también la revista del club, donde nuestros clientes
opinan, hay artículos de actualidad, se organizan
reuniones y viajes, hay descuentos en museos, comercios,
restaurantes, funerarias... Léase la revista y verá todas
las ventajas que puede tener si firma nuestro contrato.
¿No le parece una buena propuesta?
-¡Goooooooool! ¡Gol! ¡Gol! ¡Gol! – un increíble
contraataque de Pakistán, magistralmente ejecutado por el
tándem atacante pakistaní había dejado clavada la defensa
paraguaya y había hecho subir el primer gol al marcador,
cuando pasaban dos minutos del tiempo reglamentario.
-Me parece que no me ha estado escuchando.
-Ya le he dicho que no me interesaba.
El vendedor-diablo en un principio se indignó, pero
después pensó que aquel hombre estaba tan pendiente del
partido que firmaría cualquier cosa que le pusiera
delante. No era una táctica honesta pero estaba seguro que
contaría con el visto bueno de su jefe. Necesitaba hacer
un contrato más antes de acabar el mes o lo despedirían
del departamento comercial, entonces debería volver a su
antiguo trabajo de mantenimiento de calderas, un trabajo
duro y con un sueldo que no le permitiría mantener el
nivel de vida de su mujer, sus tres diablillos y su
diabólica suegra. Le dio el contrato y cargó la
estilográfica con la sangre del brazo de su cliente, el
cual estaba tan pendiente del partido que no se dio cuenta
del pinchazo. Fausto cogió mecánicamente la pluma y el
contrato sin apartar los ojos del aparato de televisión,
donde justamente en ese preciso momento el colegiado
señalaba el final del encuentro.
-Firme aquí, donde dice: el titular/beneficiario Ángel
Martínez.
-Hay un pequeño problema.
-¿No le han gustado las condiciones del contrato?
-No, si las condiciones me parecen cojonudas, pero es que
yo no soy Ángel Martínez, es el vecino de al lado, y murió
hace tres días de un ataque al corazón.
-¡Demonios! ¿Y a usted no le interesan nuestros servicios?
-No.
-¿No? Pero si acaba de decir que son unas condiciones
cojonudas, señor...
-Fausto, Fausto Rodríguez.
-Fausto Rodríguez... el nombre me suena mucho.
-Es que resulta que hace más de trescientos años que soy
cliente suyo.
-Claro, Fausto Rodríguez. Me he hecho un lío con los
papeles. Un momento que encuentre su ficha... aquí... sí,
Fausto Rodríguez, Mollerussa 1654, fecha de contrato
6-6-1684... Yo venía a hablarle de las condiciones del
contrato. ¿Nunca ha pensado en rescindirlo? Piense que la
inmortalidad suena muy bien al principio, pero a medida
que pasan los años y va viendo como la gente que quiere,
la mujer, los hijos, los amigos, van envejeciendo y usted
no puede hacer nada para pararlo. Es una situación
insostenible. Además el mundo evoluciona pero su mente aún
se añora del pasado, no puede evolucionar a la misma
velocidad y entra en una crisis existencial, no sabe
adónde pertenece porque en realidad no pertenece a ningún
sitio.
-Sí, tiene toda la razón. Yo he pasado más de una vez por
crisis de esas. Vi con impotencia como mis sucesivas
esposas y mis incontables hijos envejecían y morían.
Estuve a punto de rescindir el contrato cuando murió mi
última mujer, Paula. Quedé tan destrozado que solamente
quería morir, pero una vez pasado el dolor inicial
encontré una compañera que no sólo no envejecía sino que
mejoraba con el tiempo: la tele. La tele empezó como un
entretenimiento y ahora es una parte indispensable de mi
vida. Tengo tres parabólicas, dos vídeos, tres grabadoras
de DVD y cuatro televisores. Puedo disfrutar de más de
quinientos canales de televisión sin moverme del sofá.
Además trabajo para dos plataformas de televisión digital,
así que no sólo me salen gratis los canales sino que
además gano mucho dinero. Precisamente, creo que tengo
para usted el pack perfecto. Se trata de una televisión
por cable, ya que en el infierno no se recibe bien la
señal de las parabólicas. El paquete básico consta de diez
canales, más cinco temáticos y la posibilidad de...
Una hora y media más tarde el vendedor-demonio salió de la
casa de Fausto con un contrato de televisión digital en su
maletín y con la incertidumbre de cómo podría pagar con su
nuevo sueldo del departamento de mantenimiento de calderas
las infinitas posibilidades que le ofrecía la plataforma
(la Champions League, la NBA, los toros, los mejores
estrenos de cine, el canal porno...). Aunque tampoco era
un problema inminente, Fausto le había hecho un trato de
cliente preferencial y no empezaría a pagar hasta
septiembre. |