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Joe Marlett
les ha sacado lo mejor en San Diego (CA). Se plantaron
en USA y grabaron diez cortes, que son el resultado de
unas sesiones que empezaron hace varios años, después de
la experiencia acumulada en las otras bandas a las que
pertenecen.
No sabemos si llegarán a ser lo que esperábamos, pero la
calidad es patente en este álbum de presentación, que se
asemeja a la evolución no tan compleja de unos TOOL y
dejando no muy lejos a CANDLEBOX, aunque con la melodía
en la voz, que va y pasa por las reminiscencias de los
mejores conjuntos progresivos del momento.
Hay solos de guitarra, teclados, percusiones
alucinantes, es decir, que son baterías mediadas y
ajustadas al tempo con las lógicas aproximaciones a unas
demostraciones en combos electrónicos. Por otro lado, la
mayoría de los bajos, que ejercen de apostilla en 'Origin',
'Shatter', 'Altar' y 'Dove', emocionan.
Todo es audible. En cuanto a la producción, que hemos
hecho alguna mención con anterioridad, destaca la
modernidad y clasicismo. Es un producto tan bueno que
emociona en 'Slavior', tema que da el título al largo.
Mark Zonder hace de las suyas en la mayoría de los
cortes, al igual que las labores en las seis cuerdas de
Wayne Findlay, que ha colaborado en la composición de
todas las canciones. El único inconveniente que se puede
mencionar, o bien problema que se debe de destacar, es
el tiempo en sí, ya que este tipo “reflexiones” por
parte de los músicos, que se han escapado de la rutina
de sus propias bandas, es que levante ciertas ampollas,
porque unos prefieran tocar de una manera u otra.
No sería la primera vez que una formación se ha disuelto
por una serie de altibajos generados por la dedicación
de forma intensiva en iniciativas tan pujantes como
éstas. Veremos cómo le va a SLAVIOR. |