"Un alma en pena". 
¿Y qué hay tras la muerte?, ¿qué significado tiene nuestra vida?, ¿acaso sólo somos fruto de una mera casualidad, predestinados a convertirnos en máquinas biológicas con el único sentido de perpetuar la especie?, ¿qué quedará de nosotros cuando ya nada seamos?, ¿acaso la vida sólo tiene sentido porque la muerte nos espera?, ¿y si hubiese alguien que no muriese nunca?, ¿y si hay ya alguien para el cual la muerte no existe?, sólo la vida eterna, la eterna vida hasta que ya no haya nada por lo que vivir, pero nunca jamás poder morir. Hace ya bastante tiempo pasó algo extraño y sorprendente que os voy a relatar. Yo conocía a Laura a través de Alfredo, ellos estaban en la misma clase en la universidad y de vez en cuando coincidía con ella ya fuese tomando café en un sitio donde solíamos ir todos, o alguna que otra vez durante los fines de semana cuando nos íbamos en banda a emborracharnos por ahí. Laura tenía veintitantos años, universitaria, con un nivel cultural e intelectual que podría sobresalir de la media, era una mujer atractiva, pelirroja, de estilizada figura y con un toque rebelde e inconformista, lo cierto es que no se planteaba la vida como los demás, no esperaba verse en su vejez preguntándose lo que había hecho o lo que no había hecho arrepintiéndose del tiempo perdido cuando ya fuese demasiado tarde, vivir la vida al momento, carpe diem, repetía siempre. 
Hay un dato en Laura que es necesario resaltar, su profundo ateísmo, ya más de una vez la había visto discutir con Marisa que era una ferviente católica sobre la irracionalidad de sus creencias, cuando la muerte llegue, decía, todo se acaba, y lo único para lo que servimos es para ser pasto de gusanos. Laura no creía en nada que no se pudiese explicar a través de la razón, como buena matemática siempre planteaba que lo que no se podía explicar racionalmente era irreal e ilógico. El otro día le estaba comentando que aunque ahora de jóvenes podríamos ser todos lo ateos que quisiéramos, pero que seguro que cuando fuésemos unos vejestorios y la muerte nos rondara ya de cerca, seguro que al final acabaríamos todos los días en misa y rezando para que nos acojan en ese paraíso celestial al que llaman cielo; ella decía que no airosamente, que siempre seguiría creyendo en lo mismo aunque viese a la muerte cogiéndola de la mano. 
Y es aquí cuando empieza el relato que os voy a contar, ¿si de verdad existe algo después de la muerte, que les pasa a los que no han creído nunca en nada?. Creo que por fin he encontrado la respuesta después de mucho divagar, al final todos creen cuando la muerte les llega, es una certeza que tengo porque lo he visto en los ojos de los moribundos, nadie quiere morir y ser pasto de gusanos y que ahí se acabe toda su existencia, no hay tiempo de vivir una vida en ochenta o noventa años, y eso teniendo mucha suerte, no hay tiempo de rectificar los errores de tu vida, hace falta otra vida para ello, y a todos al final nos da miedo la muerte. Unos se irán el cielo, otros se reencarnarán, otros encontrarán su nirvana, su limbo o en lo que demonios hayan creído durante toda su vida, incluso existe un infierno para los que crean que se lo merecen, a algunos vendrán los extraterrestres a llevarlos a su planeta cuando mueran. El alma es algo mucho más que espiritual o religioso, son tus sueños y tus anhelos convertidos en realidad, es una especie de deseo que le pides a un genio mágico como despedida por tu paso en este asqueroso planeta, y que siempre y en todos 
los casos te lo hace realidad. Hemos creado fantásticas respuestas y explicaciones a lo que hay tras la muerte y lo hemos deseado tan fuerte que al final se han hecho realidad todos nuestros deseos. Todo esto no existe en un mundo real como el que vivimos, porque no lo hemos deseado con tanta fuerza, ha sido la presencia de la muerte la que nos ha hecho desear algo con tanta fuerza que nuestra propia imaginación le ha dado vida, no vive ni nuestro cuerpo ni nuestra persona física en sí, vive nuestro recuerdo enmarcado en un mundo de fantasía creado a nuestra imagen y semejanza. Yo por ejemplo hace tiempo, desde que descubrí esto, que he empezado a concienciarme que cuando me muera iré a un paraíso lleno de mujeres sólo para mí, que me harán disfrutar el frenesí sexual para la eternidad, creo sinceramente que es una muy buena forma de pasar la eternidad. Todo esto parece algo absurdo e ilógico pero es la respuesta a lo que le sucedió a Laura. 

Porque otra pregunta sería ver que es lo que les pasa a los que no han creído ni creen nada, incluso en su lecho de muerte, a esas personas que no han anhelado ni deseado su otra vida con la intensidad necesaria para que se haga realidad, ¿qué es lo que pasa con sus almas?, porque las almas existen hasta para estas personas. La respuesta es sencilla, aunque un tanto extraña, pues que te agarras tanto a la vida que va a llegar a su fin, que ese deseo, ese anhelo se convierte en realidad, y tu alma cual genio de los deseos te concede el don de la vida eterna en tu presencia terrenal, hasta el fin de los tiempos, sin vuelta atrás, sin remedio. Se convierte en un eterno desarraigado, un inmortal entre mortales, un alma en pena, en eterna pena. Un cinco de Marzo Laura se dirigía hacia la facultad, ya por la tarde, iba discutiendo nuevamente con Marisa sobre religión, la misma discusión de siempre, pero que esta vez con el tono de voz más elevado de lo normal. Al cruzar a la otra acera, Laura no se dio cuenta que un coche venía a toda velocidad, y la arrolló de lleno, elevándola unos seis metros por el aire. Laura no vio ninguna luz ni nada por el estilo, se aferró a su vida, a lo que siempre había creído. Cuando llegó la ambulancia fue llevada rápidamente a urgencias donde fue ingresada en la unidad de cuidados intensivos con multitraumatismos, los médicos no podían entender como seguía viva, había sido literalmente arrollada por el coche, la columna vertebral destrozada, el cráneo fracturado por varios sitios, los sesos se le habían desparramado por el suelo y los de la ambulancia al ver que sorprendentemente seguía viva, los recogieron introduciéndoselos otra vez en el cráneo, no pensaban que llegaría a urgencias siquiera. Laura seguía aferrándose a su vida fuertemente. Estuvo en el quirófano toda la noche, nadie pensaba que saldría viva de él, a la mañana siguiente.

 
Laura seguía viva, seguía aferrándose fuertemente a su vida. Los médicos dijeron a los padres de Laura que lo más seguro es que no durara así ni veinticuatro horas. A la semana siguiente Laura seguía ingresada en la UVI en coma pero viva, Laura seguía aferrándose fuertemente a su vida. Un hecho sin precedentes, increíble, conmocionó a toda la comunidad médica, una mujer arrollada por un coche, con un cuadro clínico que a cualquier otra persona le habría supuesto la muerte al instante, se recuperaba mágicamente en un hospital de Granada de todos sus traumas, había despertado del coma y se recuperaba favorablemente, nadie podía dar crédito a este hecho. Al mes Laura ya podía hablar, no podía caminar, pero se había recuperado de sus 
traumatismos craneales sin ninguna incidencia negativa, cualquier persona en otro caso ante tal accidente como mínimo habría entrado en un estado vegetativo, ella conservaba todas sus capacidades intelectuales intactas. Al año Laura ya empezaba a caminar, aunque eso sí, con cierta dificultad. Se había destrozado la columna vertebral, un hecho irreparable en todo caso, que habría provocado una tetraplejia para toda su vida, y esto como mínimo, lo normal en estos casos tan graves habría sido la muerte en el instante del arrollamiento, pero Laura ya estaba empezando a andar poco a poco, se había aferrado fuertemente a su vida, nadie conseguía explicar este hecho tan anormal, tan raro, tan extraño, tan inexplicable.

 
Laura seguía viva, Laura se había recuperado, Laura se había aferrado tan fuertemente a su vida que esta se 
había convertido en su destino eternamente. Con el tiempo Laura se fue incorporando poco a poco a su anterior vida, los medios de comunicación fueron quitándole protagonismo a aquel hecho tan inexplicable, ya dejaban de acosarla. Los médicos habían dejado de hacerle extrañas pruebas para intentar encontrar una explicación razonable, todo en ella era normal, todo había sido inexplicable pero ella era una mujer normal, nada raro había en su organismo, una mujer de veintitantos años con un aspecto sanísimo. De vez en cuando en la calle cuando alguien la reconocía empezaba a murmurar a sus espaldas y Laura podía escuchar los comentarios de las personas, escuchaba como la llamaban el ángel resucitado, el zombi, o la chica resurrección. Todo esto poco a poco se fue olvidando, todos fueron olvidando el incidente de Laura, todos fueron olvidando a Laura. Nadie pudo explicar lo que a Laura le pasó, sólo ella lo sabía, o por lo menos se lo imaginaba. Durante todo el tiempo que estuvo inconsciente extrañas imágenes, extraños sueños se daban vida en su mente, toda su vida pasó por su cabeza, desde su nacimiento hasta el momento del accidente, ella sabía que estaba muriéndose, pero le quedaba demasiado por vivir, demasiadas cosas que hacer, extrañas sombras gritaban su nombre en la oscuridad de su mente, atormentaban su delirio, pero ella no podía morir, Laura quería vivir, a ella no se le apareció ninguna luz en el horizonte, ni ningún ángel vino a recogerla, tenía la extraña sensación de algo que tiraba de ella insaciablemente, algo que recorría 
su mente buscando algo que ella no sabía lo que era, ella se agarraba fuertemente, esa cosa no le arrastraría, ella tenía que vivir, ella sólo pensaba en vivir. Mil imágenes de un triste hoyo en el suelo donde sería depositada la atormentaban, ella podía ver y sentir como la estaban enterrando viva, multitud de personas a las que ella conocía en su mayoría se aglomeraban alrededor de su tumba llorando su muerte, pero Laura no estaba muerta, ella seguía viva, gritaba desesperadamente para que alguien la ayudara, para que alguien la sacara de aquel ataúd, pataleaba y golpeaba su féretro, podía ver a todo el mundo pero nadie le ayudaba, gritaba fuertemente que ella seguía viva, que no había muerto, sólo podía ver las lágrimas de sus seres queridos derramándose en el suelo, lágrimas que poco a poco se fueron convirtiendo en un torrente de agua salada que empezaba a inundar su fosa con ella dentro, y unos hombres vestidos de 
negro al mismo tiempo empezaban a cubrirla de tierra, ella dejó de ver el exterior, una penumbra, una soledad triste y despiadada le hizo arrancar un grito que no pudo articular, que ni siquiera ella pudo oír. Fue en ese momento cuando se despertó del coma, una cama llena de sudor, de gente que no conocía exclamando gritos de asombro, y de una enorme frustración por no poder moverse, llorando como una niña de felicidad porque había despertado de esa horrible pesadilla. 
A partir de ese momento sus sueños cambiaron, no le gustaba dormir, decía que cuando dormía sentía como un enorme vacío, y cuando no podía remediar el dormirse por los calmantes que le daban, se despertaba agitada, sudorosa, y tocándose todo su cuerpo agitadamente. Esos sueños se convirtieron en algo agobiante para Laura. Por lo normal ella se solía encontrar en una roca que flotaba en el aire, alrededor de ella no había nada, un infinito que le rodeaba a ella por todos lados, y un silencio, ese enorme silencio en la nada, un vértigo le inundaba todo su cuerpo en medio de esa soledad, cuando de repente la roca que le sostenía en la nada empezaba a desmembrarse poco a poco, ella se desplazaba hacia detrás intentando aferrarse a lo poco de tierra de firme que le quedaba, pero al final el suelo siempre cedía ante sus pies, y empezaba a caer a un enorme vacío del que no podía ver el fin, caía y caía durante horas a una vertiginosa velocidad pero nunca 
veía el fin, a veces deseaba que se acabara esa caída, pero nunca llegaba el suelo. Entonces empezaba de repente a descender la velocidad hasta encontrarse flotando en la nada, y ella no podía hacer nada, sólo flotar ante ese vacío, al cabo del rato de su pecho sentía brotar algo húmedo, al abrirse la camisa podía ver como esa humedad que sentía era sangre, una pequeña herida en el pecho le estaba sangrando, pero la herida que parecía insignificante se iba agrandando de forma vertical hacia el estómago, la sangre cada vez salía con más fuerza, ella no sentía ningún dolor, sólo esa fría humedad de la sangre derramándose por todo su cuerpo, cuando de repente la sangre dejaba de brotar. Laura podía ver la herida con claridad, con sus manos la tocaba pero no sentía dolor, entonces introducía su mano con gran facilidad, nada le obstruía el camino, poco a poco fue abriendo la herida y pudo ver que dentro del cuerpo no había nada, estaba vacía por dentro, era sólo piel y huesos, un cuerpo sin carne, y siempre despertaba de su pesadilla tocándose su cuerpo desesperadamente. 

Cuando Laura recuperó su vida normal, algo le atormentaba y le inquietaba. Ante todos se comportaba 
normalmente, intentando ser la que e habían conocido antes del accidente, aparentaba las formas verdaderamente como una buena actriz, pero algo era diferente y ella lo sabía. Un día salió de su casa con algo escondido en su mochila, cogió la moto y se dirigió sin rumbo fijo a ninguna parte, lo más lejos posible de todo y de todos. Tras una hora conduciendo se paró alejándose lo más posible de todo atisbo de civilización, cuando vio que estaba sola verdaderamente sacó del bolso lo que llevaba escondido, era un enorme cuchillo de cacería que le había quitado a su hermano. Sin pensarlo dos veces lo empuñó fuertemente con las dos manos y se lo clavó lo más profundamente que pudo en su pecho. Laura calló 
al suelo de rodillas con el cuchillo clavado, un reguero de sangre empezó a brotar de su pecho, aunque empezaba a sentirse mareada con la mano muy temblorosa volvió a sujetar el cuchillo y se lo arrancó de su pecho, sentía que se iba a desvanecer de un momento a otro y rápidamente introdujo su mano en la herida, sólo pudo introducir dos dedos, entonces calló redonda en el suelo. Cuando Laura se despertó era ya de noche, se sentía realmente enferma, pero seguía viva después de lo que había hecho, rápidamente se incorporó, vio el cuchillo en el suelo lleno de sangre y al mirar la herida que se había 
provocado sólo pudo ver una pequeña cicatriz de unos dos dedos de ancho. Laura arrodillada en el suelo con las manos clavadas en la tierra lloraba triste y desoladamente. 
¿La vida humana en que se diferencia de la de un animal?; ¿nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos?; ¿acaso es esa nuestra vida, nuestro fin, nuestro sentido?; ¿es esa nuestra pura y simple tarea en esta vida, perpetuar la especie?. Algo nos diferencia de ser simple animales, nuestra capacidad de razocinio, el don de ser conscientes de nuestra propia existencia, de tener una identidad propia dentro de nuestra especie, lo que se llama una personalidad propia, desarrollar una identidad propia dentro del marco de la humanidad. El ser humano en este aspecto desarrolla diferentes etapas en su vida, la niñez, la adolescencia, la juventud y la madurez propiamente dicha. En cada etapa se desarrolla un ciclo formativo y de aprendizaje diferente donde nos vamos configurando dentro de un marco social concreto y al mismo tiempo complejo. El ser humano es un ente complejo, donde se desarrolla su insociable sociabilidad, somos cada uno un mundo aparte, pero incapaces de sobrevivir al margen de un entente social, donde nos amparamos para de alguna manera poder sobrevivir en un universo extremadamente complejo para un solo individuo que necesita 
obligatoriamente del amparo social, aunque este le produzca una profunda repugnancia. Cada individuo se enmarca en su propio universo cotejando su propio sector social donde poder desarrollarse y eso es lo verdaderamente importante. 
En un mundo tan enorme no conocemos a la mayoría de las personas, pero si tenemos nuestro complejo entramado social propio, empezando por la familia y por los amigos, que son al fin y al cabo los que nos hacen enmarcarnos y darle sentido a nuestra propia existencia. Por eso en cada etapa de nuestra vida de la que ya antes he mencionado hace falta encajarnos por mera supervivencia en ese determinado entramado, que tal vez en cada etapa sea diferente pero igualmente necesario. 
¿Pero que pasaría si a una persona por un motivo determinado la descontextualizaramos de una de esas etapas de nuestra existencia, si una determinada persona se viese anclada para la eternidad en esa etapa concreta que en teoría sólo debe durar un número limitado de años?. Todo tu entramado social con el cual te has desarrollado avanza hacia su propio fin, cumpliendo lo que es su destino, desarrollarse como personas en esta vida en la forma y manera en la que han ideado su ideal existencia. Nuestra vida se puede desarrollar como una cuenta atrás, una meta final a la que debes llegar habiendo cumplido en gran medida tus propios objetivos designados por ti mismos, haberle dado un sentido a tu vida y en cierta manera haber sentido que tu paso por esta vida terrenal ha tenido alguna finalidad y que en el fondo has plantado una invisible semilla que debe germinar al amparo de tus esfuerzos. Todo ser humano necesita de esos pasos y de la ayuda de otras personas. Todos vamos en un camino imparable y se podría decir que vamos cogidos de la mano unos de otros y el soltarse de ella nos hace perder la senda que nos guíe hacia nuestro incierto destino. A Laura le empezaba a pasar esto. ¿Cómo se debe plantear uno la vida cuando esta ya no es fruto de su preocupación, cuando la muerte ya no es un obstáculo sino que más bien se acaba de convertir en un problema?. 
Laura ya no aparentaba ser la misma de antes en presencia de los demás, ella sabía bien lo que le había pasado, pero era algo que no podía compartir con nadie. La pobre de Laura se había encerrado en su casa, ni sus padres ni sus amigos conseguían animarla. Había un hecho curioso que le preocupaba, era el plantearse que si ella debía vivir eternamente en la tierra, que pasaría cuando la tierra dejase de existir, cuando el sol extinguiese su luz y la vida no fuese posible en este planeta. Laura tenía ya indicios de perder la cabeza, hizo un raro experimento, ella pensaba que si una bomba le cayese encima no tendría más remedio que morir y no se le ocurrió otra cosa como prueba que dejar correr el gas de una botella de butano y encender un mechero; la explosión fue impresionante, le había reventado la mano y parte de la cara, además de diversas heridas de carácter más leve. Fue un espectáculo impresionante cuando Laura observaba su mano y su cara destrozadas y como estas se empezaban a regenerar, Laura entendió que nada podría acabar con ella. 

Para muchos la idea de la inmortalidad igual puede parecer apetecible, el poder disponer de todo el tiempo del mundo para hacer lo que te apetezca. Pero quien es capaz de soportar la eternidad en indómita soledad, ver morir a tus seres queridos en un proceso que se repite como una rueda que ni tiene fin, ver morir a tus propios hijos, que clase de corazón podría aguantar tanto sufrimiento una y otra vez , ser una eterna veinteañera. Laura con el tiempo intentó ver la perspectiva positiva de su nueva circunstancia, pensó que lo mejor sería disfrutar cada momento sin plantearse lo que podría venir después, volvió a recuperar ese viejo espíritu del carpe diem, pero en este planteamiento había algo diferente ahora, en su esencia el carpe diem es vivir la vida al día, al momento, porque precisamente sólo tenemos una vida, pero a ella le pasaba lo contrario. Laura aprendió con los años a hacer que el tiempo fuese lento para ella, nada había que hacerlo con prisa, deja para mañana lo que puedas hacer hoy. Poco a poco empezaba a sentirse desarraigada, cuando ya todos la que la conocían empezaban a decirle que hay que ver lo joven que seguía, que no habíacambiado nada, Laura entendió que era el momento de dejar aquella vieja vida atrás, empezar de nuevo aunque ello le resultase muy doloroso, aunque le costase mucho esfuerzo dejar atrás a todos sus seres queridos. Laura dejó una pequeña nota en su escritorio, y en esta sólo había una breve palabra, - 
ADIOS -. 
Los años fueron pasando, Laura veía el tiempo cambiar indiferentemente, le importaba al fin y al cabo una mierda. Durante mucho tiempo vivió como una vagabunda, ajena a todo y a todos, viviendo su tormento en soledad. Los tiempos cambiaban, las personas cambiaban su forma de ser y de pensar, pero ella seguía siendo la misma. Decidió que ya que tenía todo el tiempo del mundo que por lo menos debía conocer el mundo que le rodeaba. Aprendió a vivir la vida como si de una película se tratase, observando a los demás, desentendiéndose en sí de su propia existencia, al fin y al cabo no le hacía falta comer, no le hacía falta beber, no le hacía falta nada ni nadie, había perdido la esperanza en si misma y había perdido la esperanza en su propia vida. Laura se dedicaba a vivir la vida de los demás como si la trama de un film se tratase. Cuando por la calle veía a alguien que le llamase la atención, se dedicaba a seguir a esa persona a todos 
lados, viendo como era su vida, y así pasaba los días incansablemente, vivir en los demás lo que ella jamás podrá vivir por sí misma. Durante una temporada siguió a una joven que le recordaba a ella misma antes de perderse en su abismo. 
La joven estaba acabando su carrera, y se encontraba en esa etapa de la vida de no saber lo que te puede pasar o esperar, en la que no tienes claro lo que esperas o lo que quieres para encontrar tu camino, para ser feliz. Esta había conocido a un joven del que se había enamorado profundamente, y Laura se dedicaba a seguirlos a todos lados de día y de noche, a todas horas. Laura estaba perdiendo la conciencia de sí misma, se había sentido tan identificada con la mujer a la que seguía que había pensado a pensar que era ella misma. 

Un día Laura estaba observando a la pareja dándose muestras de cariño en el césped de un parque, ella como siempre era ajena a todo lo demás que podía pasar alrededor, solamente se dedicaba a observar a la mujer viéndose como si fuese ella misma y deleitándose en el momento como si fuese ella misma la que estuviese retozándose en el césped. Por un momento Laura recobro su propio sentido por un momento, y cambió la dirección de su mirada hacia un niño que estaba jugando con algo en la arena, y se acercó a él. Laura estaba ella una pordiosera y apestaba a lo lejos. El niño la miró con rareza, pero sin miedo, y volvió a jugar en la arena con algo. Laura por primera vez en mucho tiempo se sintió mal por esa mirada que le había dirigido un niño, empezó a arreglarse sus harapientas ropas, a acicalarse un poco, se sintió sucia, se miró a sí misma y no se gustó. A lo lejos la pareja se levantaba del césped y se iba pero ella no los siguió, estaba mirando al niño. Este jugaba con algo en la arena, sujetaba un palo y hurgaba en un hoyo que había, 
el hoyo era un hormiguero, y el chaval se dedicaba a atormentar a las hormigas con el palo, Laura se acercó, y al ver esto, le preguntó: 
- ¿Qué haces, si se puede saber? -, el niño no se asustó al ver a Laura 
y a pesar del aspecto que tenía y de lo mal que olía. 
- Estoy matando a las hormigas -, respondió el niño. 
- ¿Y no te da pena acabar con su vida? -, preguntó Laura. 
- ¿Y que es la vida señora? -, dijo el niño. 
Una mujer se acercaba corriendo al niño, era su madre preocupada al ver a su hijo con una pordiosera: 
- ¡Vamos cariño, que tenemos que irnos! -, cogió al niño y los dos se fueron, madre e hijo. 
Laura seguía en el mismo sitio observando las hormigas, y viendo como las que aun seguían vivas recogían los cadáveres de las muertas y las introducían en el hoyo. Mientras observaba esto la pregunta del niño le rebotaba en la cabeza insistentemente: 
- ¿Y qué es la vida señora? -, una y otra vez en su cabeza,- ¿Y qué es la vida señora? -, golpeándole como un martillo. Laura estaba llorando. 
Se puso a andar con la pregunta rondándole en su cabeza y se paró cerca de una fuente donde podía ver su 
reflejo, se miraba fijamente pero no le gustaba lo que en él veía. Se echó agua en la cara, se la limpiaba con rabia, con fuerza. Mojada seguía andando sin rumbo fijo como siempre, cuando a lo lejos vio un puente que pasaba por encima de una carretera muy transitada de coches. Laura empezó a reír, Laura se reía, hacia años que no reía. Se dirigía rauda hacia el puente y cuando en se hallaba ya en el centro de él, se subió a la baranda, y seguía riendo con más fuerza que nunca, no estaba loca, estaba feliz. Extendió sus manos y se arrojó al vacío cuando un camión pasaba justo debajo. 
En el periódico de la mañana apareció una pequeña noticia sobre una mujer que había muerto tras haberse 
arrojado de un puente y haber sido arrollada por un camión, la muerte fue instantánea, y aunque la mujer había sido destrozada, una sonrisa se le enmarcaba en su rostro ensangrentado. La mujer era una vagabunda y se desconoce su nombre o procedencia. 


Fdo: Luis G.Antúnez       luisgantunez@yahoo.es

       

 

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