Karen Ortiz de Guinea estrena «Casa de muñecas»: urgencia de rock de autor y pulso confesional frente al desamor.

Share

La solista donostiarra Karen Ortiz de Guinea acaba de publicar el single «Casa de muñecas», un visceral adelanto de su próximo álbum, «Después de todo». Lejos de artificios comerciales, la pieza despliega la sobriedad incorruptible de su cancionero para convertir el desamor en un trayecto de supervivencia, meciéndose entre las texturas orgánicas de su inseparable acordeón y la precisión percusiva de Oriol Flores bajo los mandos técnicos de Yon Vidaur.

Hay discos que ocurren porque la vida, con su insistencia áspera, no deja otro camino transitable. Karen Ortiz de Guinea pertenece a esa estirpe de creadoras refractarias al cálculo comercial que entienden el cancionero como el único lugar donde es posible recomponer los pedazos. Con esa honestidad desarmante que atraviesa toda su trayectoria, la artista donostiarra presenta ahora «Casa de muñecas», el corte que sirve como antesala de su primer álbum de estudio, «Después de todo», fechado para el 16 de octubre. Lejos de las imposturas y los atajos manufacturados que dominan el panorama actual, la pieza destila la sobriedad incorruptible de quienes escriben desde la urgencia de la verdad dentro de la corriente del rock de autor.

Grabado en los estudios Muir de San Sebastián bajo la dirección técnica y la producción de Yon Vidaur, el tema huye de cualquier barroquismo para apostar por una instrumentación de raíz orgánica. La propia compositora toma el timón haciéndose cargo de la voz, los teclados y su inseparable acordeón, un artefacto que la acompaña desde la infancia y que aquí adopta un pulso casi confesional, secundada por la precisión percusiva de Oriol Flores. Nos envuelve una densa bruma de tinieblas y noches amargas, meciéndonos en los brazos de un falso amor que desemboca en un callejón sin salida, oscilando entre la penumbra de un club nocturno y la fuerza expresiva de la mejor tradición melódica.

La obra desgarra el velo del desamor para transitar, con paso firme, desde la asfixia de la casa de muñecas hasta el vértigo liberador de arriesgarlo todo en Las Vegas. Nace así una catarsis íntima y salvadora, esculpida como refugio terapéutico frente al dolor y convertida en pulso de supervivencia.

El universo sonoro de este trabajo se ensancha con la complicidad de nombres fundamentales de la escena, incorporando la guitarra eléctrica de Javier Vargas en la producción de varios cortes, además de las colaboraciones instrumentales de Mikel Aguirre Urkizu y las texturas de Iñaki de Lucas. Un tejido coral que arropa con elegancia la veteranía de una creadora curtida en los escenarios al lado de referentes como Revólver, Elliott Murphy, Amateur o la propia Vargas Blues Band.

Dueña de un latido firme frente a las teclas y de una pluma dotada de una profundidad poco común, Karen Ortiz de Guinea rubrica con este lanzamiento una página decisiva en su madurez artística. Nos entrega una pieza que atrapa por su crudeza emocional, cuestionando los propios sentimientos y transformando el desamor en toda una batalla por la subsistencia. Prueba fehaciente de este momento creativo es el reconocimiento que recibirá próximamente en el Nuevo Teatro Alcalá de Madrid con el Premio Talento Latino por su anterior sencillo «La vida es mucho más». Con este nuevo adelanto, la vasca reafirma su condición de autora total, recordándonos que la música, cuando se desgrana sin red de protección, sigue siendo el territorio definitivo donde uno vuelve a casa.

Share

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *