
Mantra levanta un muro de sonido en «Modern Man», su último aviso antes de la llegada de «Plastic Boys».
Con el estreno en exclusiva de su nuevo videoclip, la banda mallorquina sacude los cimientos del pop convencional mediante un pulso eléctrico que no entiende de concesiones ni de artificios gratuitos. Son apenas dos minutos de voltaje y sintetizadores analógicos; una descarga de sangre caliente e insolencia necesaria para dinamitar la escena desde la periferia, capturando esa fragilidad de quien se disfraza de estrella del rock para sobrevivir al ruido de la modernidad.
El single, que acaba de aterrizar en las plataformas digitales, confirma que la mejor forma de sobrevivir al escaparate de lo vacío es, precisamente, abrazar la estética del simulacro. Con este lanzamiento, el cuarteto no solo entrega el último avance de su inminente EP, «Plastic Boys», con fecha de colisión fijada para el próximo 13 de febrero, sino que levanta un acta de rebeldía contra esta era de filtros y cartón piedra. Si en entregas anteriores el grupo se movía en una calidez más amable, aquí optan por un choque frontal entre el descaro del rock and roll y ese acabado sintético que define nuestro presente. Es el sonido de quien ha comprendido que, en un mundo de plástico, solo lo que se atreve a ser crudo y directo resulta verdaderamente honesto.
«Modern Man» funciona como una coreografía eléctrica del autoengaño. La composición arranca desde una caja de ritmos primitiva y básica, un latido artificial sobre el que se van sumando capas en una dinámica ascendente constante hasta estallar en un muro de sonido. La letra sitúa al oyente frente a ese ejemplar en peligro de extinción que busca un refugio emocional bajo una coraza de misticismo de la vieja escuela. Es una ironía servida en frío: el hombre moderno como un individuo sensible que se protege tras una voz megafónica, rasgada y lanzada a chorro, sin excesos de tacto pero con toda la verdad por delante.
La producción, orquestada en Calma Estudis por Franc Prohens y Josep Umbría, huye de la pulcritud orgánica para buscar texturas donde las guitarras distorsionadas se funden con el gran peso de los sintetizadores lo-fi. Existe un juego deliberado de contrastes, ya que una batería simple y real entra en escena para reforzar el pulso artificial, creando un groove que fluctúa entre el indie internacional y el nervio de la Movida. Hay algo de insolencia necesaria en este nuevo lenguaje, donde un bajo melódico y contundente recuerda que el pop rock, cuando se toca con las vísceras, no necesita decoración innecesaria para dejar a la vista los cables.
Con la llegada de «Plastic Boys», la formación integrada por Franc Prohens, Jaume Prohens, Mateu Del Rio y Sergi Tomas completa un mapa conceptual que bascula entre la introspección crítica y la chulería despreocupada. Entre homenajes implícitos al sonido británico y la energía de las guitarras de Nueva York, Mantra parece haber encontrado su lugar en la grieta que separa lo real de lo falso. En ese espacio ruidoso es donde su propuesta de rock alternativo cobra sentido: una descarga que prefiere la crudeza del error y la experimentación descarada a la perfección aséptica del algoritmo.